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domingo, 3 de diciembre de 2017

¿DE QUÉ MURIÓ TUTANKHAMON?

Casi un siglo de intervenciones y análisis han dado lugar a resultados, a menudo contrapuestos, sobre la muerte del faraón más mediático.

En noviembre de 1922, Howard Carter irrumpió en KV 62, la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes, y ambos, el arqueólogo y el difunto rey, lo hicieron en la historia. Los dos eran escasamente conocidos antes de ese momento, pero a partir de entonces la egiptología no se pudo concebir sin una referencia a sus nombres. Un saber académico y especializado dio el salto a los medios de comunicación de masas de la época, las revistas ilustradas y los noticieros cinematográficos, para no abandonarlos ya nunca. Y así hasta nuestros días.
Pero claro, para que haya una tumba tiene que haber un difunto. Es muy cierto que en los años inmediatamente posteriores al descubrimiento del enterramiento intacto (o casi) la atención se centró fundamentalmente en los “tesoros” que emergían, cuidadosamente fotografiados e inventariados, de la tumba. Los espectadores pudieron contemplarlos y los turistas admirarlos posteriormente en el Museo Egipcio del El Cairo. El pobre difunto, sin embargo, no hizo el viaje. El cuerpo momificado del rey no siguió el camino de varios de sus regios familiares en el trono de Las Dos Tierras que habían sido descubiertos en la zona cuarenta años antes y ahora reposaban a la vista de los turistas en el mismo Museo de El Cairo, seiscientos kilómetros al norte de dónde fueron enterrados. La momia de Tutankamón quedó, solitaria, en el mismo lugar de la tumba en la que fue depositada. A partir de ese momento, miles y miles de visitantes contemplaban su sarcófago, conscientes o no de que en el interior intentaba descansar para la eternidad el joven rey difunto.


Algunas lesiones que la momia presenta han podido producirse después de la muerte
Un hecho cuya relevancia a menudo se pasa por alto es la coincidencia temporal entre el descubrimiento de la tumba de Tutankamón en 1922 y la muestra pública por primera vez del busto de la reina Nefertiti en Berlín en 1924, aunque había sido encontrada por el arqueólogo alemán Ludwig Borchardt doce años antes. El busto de la reina, madrastra del propio Tutankamón, se convirtió inmediatamente en un foco de interés del público. Hasta el punto que hoy no podemos dudar de que el busto de Nefertiti y las máscara de oro de Tutankamón constituyen los dos iconos más poderosos que representan a la cultura egipcia antigua. La relación familiar que une a los dos personajes y el interés del periodo histórico en el que se desenvuelve su biografía, que no es otro que el atractivo y sugerente periodo de la reforma religiosa de Amarna llevada a cabo por el esposo de Nefertiti y probable padre de Tutankamón, Akenatón, focalizó el interés en conocer más y más íntimamente los “misterios” que el cuerpo momificado podía albergar, toda vez que de los otros personajes del capítulo no nos habían llegado sus reales despojos.


La localización de la momia de Tutankamón no facilitaba su acceso ni su estudio. Cualquier intervención sobre ella suponía cerrar al público su tumba, uno de las principales punto de interés del mítico Valle de los Reyes donde fue encontrado. Complicación y mal negocio. A pesar de ello, se llevaron a cabo numerosos análisis y observaciones, los primeros de ellos al tiempo de su descubrimiento, entre 1922 y 1924, bajo la dirección del propio Howard Carter. A medida que las técnicas de análisis se han ido desarrollando, nuevos datos se han añadido a los que poseíamos, en ocasiones arrojando luz y en otras sombras al conocimiento físico del monarca y, por lo tanto, a las probables causas de su muerte. Uno no puede pensar en una autopsia más prolongada que la que ha experimentado el cuerpo del joven rey. Casi un siglo de intervenciones, análisis y resultados, a menudo contrapuestos. Si añadimos a esto el trasiego constante de turistas frente a su sarcófago tendremos que llegar a la conclusión de que la pretensión de un eterno descanso no pasó, en el caso del desdichado monarca, de una esperanza decepcionante.


Los padres de Tutankamón eran hermanos. Esta circunstancia incrementa de modo exponencial las consecuencias de la consanguinidad en Tutankamón
Médicamente hablando, el joven monarca tenía muy malas cartas. Su familia, la llamada dinastía XVIII egipcia, había experimentado varias crisis sucesorias desde la llegada al trono de su ancestro común Tuthmosis I. En Egipto, para preservar el linaje regio, no era raro en la familia real el recurrir a matrimonios incestuosos. La familia tutmósida, la de Tutankamón, tenía un altísimo nivel de consanguinidad. De hecho, este factor se ha puesto repetidamente de manifiesto en la peculiar figura del padre de Tutankamón, el llamado rey hereje Akenatón. Algunos aspectos del especial estilo de representar su figura se pueden explicar acudiendo a afecciones médicas conocidas, como el síndrome de Marfan. Lo mismo se puede decir de sus posiciones en el tema religioso y su inclinación hacia un misticismo claramente acentuado, que se puede poner en relación con afecciones como la epilepsia. Los españoles somos históricamente conscientes de lo que el incesto puede hacer a una dinastía que la practica como manera de perpetuarse, y el final de nuestros Austrias, con el ejemplo de Carlos II, no deja lugar a dudas. La proverbial promiscuidad borbónica asegura, sin embargo, que los reyes crezcan fuertes, sanos e inmunológicamente diversificados.
El rey no era muy corpulento, aunque tenía una estatura de 1,80 metros aproximadamente. Un reciente estudio publicado en 2010 establece con bastante seguridad que Tutankamón era hijo de la momia encontrada en la tumba KV55 del Valle de los Reyes, de la que muchos especialistas ya pensaban que podría ser la de Akenatón a pesar de los problemas para establecerlo así. Este estudio lo confirma. Por lo tanto, los problemas heredados de su familia le afectarían de lleno. Su madre, de acuerdo al mismo estudio, sería una momia femenina encontrada en la tumba KV35 también del Valle de los Reyes. Esta momia fue conocida durante mucho tiempo como la “dama joven” y el estudio de 2010 nos indica que era hermana del propio Akenatón, hija, por tanto, de Amenhotep III, cuya momia se conserva, y de Tiyi, su esposa, momia también conservada, conocida como la “dama anciana” y encontrada junto a la de su hija en la misma tumba KV35. Los padres de Tutankamón eran, por tanto, hermanos. Esta circunstancia incrementa de modo exponencial las consecuencias de la consanguinidad en Tutankamón. Ambos progenitores tenían la misma carga genética problemática que se multiplicaba al confluir en el joven monarca. En la misma tumba del rey, KV62, aparecieron dos fetos femeninos, cuyos análisis posteriores determinaron que eran hermanas entre sí e hijas del rey. Un indicador más, quizá, de su pedigrí incestuoso. La esposa de Tutankamón, Ankhesenamon, era hermana suya también, al menos de padre.

Ese mismo estudio (y varios otros realizados antes y después) muestran las consecuencias que esta consanguinidad puede haber tenido sobre las características físicas y malformaciones del cuerpo del joven faraón. Por lo pronto, se identificó al rey como paciente de la llamada enfermedad de Köhler, una osteocondrosis que afecta al hueso escafoide del pie. Consiste en una necrosis del hueso por falta de riego sanguíneo. Las consecuencias más obvias serían el dolor y la inflamación y una evidente cojera que limitaría considerablemente su movilidad. Además, Tutankamón padecía una desviación de la columna, probablemente relacionada con la malformación anterior. La cojera del rey se comprueba arqueológicamente por la existencia de bastones para caminar entre los objetos del ajuar funerario descubiertos por Howard Carter en su tumba.
Médicamente hablando, el joven monarca tenía muy malas cartas
Molesta como sería esta afección, sin embargo, ella no supone una amenaza para la vida de quien la padece. Sin embargo, la momia del rey ha desvelado que también padecía malaria, en su variedad más virulenta, y que había sido infectado varias veces por el mosquito portador de la enfermedad a lo largo de su corta vida. La malaria puede desencadenar un shock circulatorio o causar una respuesta inmunológica fatal. En cualquier caso, su padecimiento crónico surte un efecto debilitante, dejando al paciente mucho más expuesto a cualquier otra afección. Hubiera mermado la resistencia de su sistema inmunológico y evitado que su problema de necrosis en el pie mejorara. Todo ello en un cuerpo especialmente poco apto, por la consanguinidad, para la salud.
Sobre su muerte apenas sabemos nada. Tampoco sabemos demasiado sobre su vida, deberíamos admitir. Sus apenas dieciocho años de vida entran en el campo de la especulación. Pero claro, teniendo en cuenta las circunstancias del hallazgo de su tumba y su cuerpo, es razonable la curiosidad sobre la razón que llevó éste a aquélla. El asesinato es una opción siempre atractiva para personajes históricos. Añade interés y hace recaer una atención dramática sobre el sujeto. También juega con la presencia de buenos y villanos. Todo esto se traduce, voluntariamente o no, en beneficios y notoriedad, a veces breve, para quien lo propone.

Cuando Howard Carter abrió el sarcófago que contenía el cuerpo del rey se encontró con que las resinas se habían endurecido de tal manera que era muy difícil separar del cuerpo los vendajes y ambos del sarcófago que los contenían. Se probaron varios métodos, incluido la exposición del sarcófago al sol tebano para que las resinas se reblandecieran. No cedieron. Carter decidió, pues, cortarlas con cuidado. Con todo, este forcejeo y manipulación del cuerpo, las resinas y las vendajes ha alimentado la polémica. Porque algunas lesiones que la momia presenta han podido producirse después de la muerte. Así, el cráneo, hoy separado del cuerpo, presenta una fractura en su base y una fisura que sería consistente con un gran golpe. Si lo recibió en vida habría que buscar a un villano. El anciano Ay, suegro de Akenatoó y quien le sucedería en el trono, es un candidato perfecto para estar detrás de este golpe, literal y metafóricamente. El pobre Ay es un personaje histórico antipático que no le cae bien a nadie. Si las lesiones se produjeron tras la muerte los responsables serían unos embalsamadores poco cuidadosos o un arqueólogo impaciente. Algo menos dramático.
En 2005, un análisis por TAC reveló que el rey se había fracturado una pierna por la rodilla poco antes de su muerte, ya que el hueso no tuvo tiempo de soldar. Fue una fractura especialmente complicada. Al parecer, la fractura se infectó. Podemos imaginar los efectos de una infección importante en un cuerpo debilitado inmunológicamente y afectado por una malaria virtualmente crónica, además de otras afecciones. En 2012, otro informe propuso que el monarca sufrió una ataque epiléptico, enfermedad tradicionalmente relacionada con su padre Akhenaton, y que este ataque le habría hecho caer al suelo produciendo la mencionada fractura.
La cojera del rey se comprueba arqueológicamente por la existencia de bastones para caminar entre los objetos del ajuar funerario descubiertos por Howard Carter en su tumba
Las numerosos análisis realizados son consistentes en la enumeración de afecciones, varias de ellas consideradas como taras congénitas, que son mucho más numerosas en casos de hijos de parejas consanguíneas. El rey padecía de un paladar hendido, condición asociada normalmente a esta circunstancia, pero también se han mencionado otras posibles enfermedades, como el síndrome de Marfan, el síndrome de Fröhlich, el de Klinefelter o el de Antley-Blixer. El catálogo de síndromes relacionados con el monarca muerto se hace interminable e impronunciable.
Recientemente, en 2013, otro estudió llegó a la conclusión de que el monarca sufrió un accidente, concretamente con un carro. Según este estudio, Tutankamón recibió un gran golpe, que le afectó a la totalidad de su costado derecho, mientras se encontraba de rodillas. Qué hacía un monarca cojo de rodillas subido en un carro o delante de él es otro de los misterios que quedaría por resolver en este caso. Un año después, otro estudio más reveló que las lesiones del costado derecho fueron producidas post-mortem, restando emoción a una historia controvertida y haciéndonos regresar de nuevo al escenario de los embalsamadores chapuceros o la ansiedad del quizá no tan flemático egiptólogo inglés.

Quedan, sin duda, análisis por hacerse. Más técnicas se descubrirán que habrán de aportar más y más información a lo que vamos conociendo. Lo que sabemos hoy, en definitiva, es que tenemos frente a nosotros la historia de un joven que no llegó a madurar en la vida, a la que llegó con una pesada mochila genética y una baza de cartas muy mala. Las condiciones higiénicas del Egipto antiguo no eran como las nuestras, huelga decirlo, y los métodos curativos tampoco. En estas condiciones cualquier afección o infección razonablemente normal, bacteriana o vírica, un mal enfriamiento derivado en neumonía o una insolación podría desencadenar una cadena de consecuencias que, en plena juventud, le llevara a la tumba. Allí donde lo encontró Howard Carter.
Dr José-R. Pérez-Accino. Departamento de Historia Antigua de la Facultad de Geografía e Historia. Universidad Complutense de Madrid

domingo, 29 de noviembre de 2015

TUTANKAMON...MÁS HALLAZGOS

Egipto está segura “al 90%” de que hay una cámara junto a Tutankamón

El ministro de Antigüedades Mahmud al Damati apunta que aumentan las posibilidades de encontrar la tumba de Nefertiti

Interior de la tumba del rey Tutankamón en Luxor. / MOHAMED ABD EL GHANY (REUTERS)

La Egiptología parece estar a punto de sumar un eslabón de oro a su cadena de fascinantes descubrimientos. Al ministro egipcio de Antigüedades, Mahmud al-Damaty, le gusta definirlo como “el descubrimiento del siglo”. Y esta vez, no exagera. Los estudios realizados los últimos días con un “sofisticado radar” apuntan “con un 90% de seguridad” a la existencia de una cámara secreta adyacente a la tumba del faraón Tutankamón, tal como había sugerido este verano el célebre arqueólogo británico Nicholas Reeves. De confirmarse, sería la más importante revelación arqueológica proveniente de Egipto desde que Howard Carter maravillara al mundo al encontrar la tumba de Tutankamón, el faraón niño.
Sin embargo, Reeves y las autoridades egipcias discrepan respecto a quién pertenecería la cámara funeraria. Reeves está convencido que el secreto mejor guardado hasta la fecha por los arquitectos del Antiguo Egipto esconde la momia de Nefertiti, la esposa de Akenatón. Los restos de la reina, de legendaria belleza, nunca se han encontrado. De acuerdo con los historiadores, Nefertiti desempeñó un importante papel en la revolucionaria reforma religiosa que lideró el faraón Akenatón al crear un efímero credo monoteísta en el siglo XIV a.C.. En cambio, los expertos egipcios se inclinan por otras candidatas, como Kiya, la segunda esposa de Akenatón y madre de Tutankamón, o su hija primogénita Meritatón, fruto de su matrimonio con Nefertiti.
“Ahora ya podemos decir que hemos encontrado otra tumba o una cámara detrás de la cámara funeraria de Tutankamón”, ha declarado al-Damaty en una conferencia de prensa celebrada el sábado en la ciudad de Luxor, donde se encuentra el impresionante Valle de los Reyes, auténtica joya arqueológica del Antiguo Egipto. El ministro ha estimado “en aproximadamente un 90%” las posibilidades de que el análisis preliminar sea correcto. La incertidumbre y excitación se mantendrá aún durante unas semanas, el tiempo que necesitan los científicos para estudiar con detenimiento los resultados de una exploración iniciada el pasado jueves.
“Los resultados de un examen con radar detrás de la pared norte [de la cámara funeraria de Tutankamón] son muy claros …parecen indicar que hay una distinción clara entre la roca dura y otra cosa”, ha declarado Reeves desde Luxor. “ Si tengo razón y hay una continuidad [a través de un pasillo] de la tumba, ello nos llevará a otra cámara funeraria. Yo creo que es la de Nefertiti, y todas las pruebas apuntan en esas dirección”, insistió el egiptólogo británico, que el pasado mes de agosto expuso su revolucionaria teoría al concluir que, por sus modestas dimensiones y anómala construcción, el monumento funerario de Tutankamón debería ser el anejo de otra tumba de mayores dimensiones, probablemente, correspondiente a una reina.
De ser cierta su intuición, la tumba secreta podría albergar un tesoro aún más maravilloso que el que acompañó a Tutankamón en su muerte hace unos 3.300 años. El ajuar del faraón niño, recopilado en un antecámara, la cámara del tesoro, la cámara funeraria y el anexo, sumaba más de 5.000 preciosos objetos. Buena parte de ellos se pueden presenciar en el Museo Egipcio de El Cairo. A diferencia de los monumentos funerarios de otros faraones descubiertos por los arqueólogos, el de Tutankamón permaneció durante siglos al resguardo de bandidos y cazatesoros.
Los resultados del escaneado llevado a cabo por el experto japonés Hirokatsy Watanabe confirma la existencia de puertas tapiadas que las pinturas habrían tratado de ocultar, tal como había sugerido Reeves. A principios de noviembre ya se realizó una prueba temográfica a partir de rayos infrarrojos que disparó las esperanzas de los investigadores. El análisis detectó la existencia de puntos fríos y corrientes de aire que indicaban la existencia de una cámara secreta. Sin embargo, en la rueda de prensa, el ministro al-Damaty mostró un punto de cautela al recordar que, de momento, solo disponen de “resultados preliminares”. Se abre una tensa espera.

martes, 20 de octubre de 2015

COMIENZA LA RESTAURACIÓN DE LA MÁSCARA DE TUTANKHAMÓN

  La perilla de la famosa máscara funeraria del faraón se había desprendido al restaurarla el pasado

  La restauración de la famosa máscara de oro del faraón Tutankamón ha comenzado en el Museo Egipcio de El Cairo con el fin de solucionar el daño causado por un arreglo poco profesional para pegar la perilla 
Cuando se produjo la chapuza, conmocionó a los aficionados del Antiguo Egipto. La perilla fue burdamente pegada a la barbilla con un pegamento industrial inapropiado tras desprenderse durante una sesión de limpieza. 

La máscara de Tutankamón, de hoja de oro y decorada con incrustaciones de vidrio coloreado de azul y piedras semipreciosas se exhibía en la sala principal de los tesoros del faraón en el Museo Egipcio de El Cairo, junto a los ataúdes dorados y las joyas y amuletos hallados en su momia.

martes, 28 de octubre de 2014

LA VERDADERA IMAGEN DE TUTANKHAMON

La historia de uno de los faraones más importantes del Antiguo Egipto, Tutankamón (1336-1327 aC) sigue dando de que hablar. Si se conoce de este personaje fue gracias a que su tumba fue la única del Valle de los Reyes, frente a Luxor, Egipto, que se mantuvo íntegra hasta el siglo XX sin ser saqueada; siglo en el que en el año 1922 fue descubierta por Howard Carter, un célebre arqueólogo que tras su hallazgo permitió la investigación y estudio del que sería el último rey de la 18va Dinastía. Su fama, no tanto por su corto reinado que duró unos diez años, la adquiere sobre todo por los maravillosos tesoros que se encontraron en su tumba, auténticas joyas de la humanidad, tales como su sarcófago, máscara funeraria de oro y otros 5,000 tesoros. Hasta ahora se creía que el faraón podía haber muerto a causa de asesinato, ya que tenía tan sólo 19 años cuando murió de forma repentina. Nuevas investigaciones que se presentaran en el transcurso de unos días en un programa, delatarán lo que puede ser una nueva alternativa histórica y física de la figura del faraón. Aunque las causas de la muerte todavía no se han develado, los investigadores han adelantado que parece ser que su muerte hubiera sido por causas naturales, sin implicar a terceros ni accidentes, ya que el faraón era fruto del incesto, por lo que nació con mala salud. Ya que en la época se pensaba que la consanguinidad era el mejor modo de preservar la pureza en la descendencia y mantener la calidad de la especie, los padres de Tutankamón, hermano y hermana, recurrieron a la práctica hoy en día mal vista, pues es sabido que tiene malas repercusiones y que probablemente los hijos nazcan enfermos o con discapacidades. Para llegar a esta conclusión se han realizado más de 2,000 análisis con escáners de los huesos de Tutankamón para reconstruir la estructura corpórea que tendría el faraón. Ya que lo único que se conoce de él hoy en día es su máscara, y ésta es sumamente bella y esplendorosa, se le atribuyeron las mismas características al que la portaría; un faraón bello y majestuoso. Los resultados han demostrado lo contrario; el faraón, lejos de tener porte y belleza, debido al incesto habría heredado las características de un cuerpo más femenino que masculino en la forma de sus caderas, muy afeminadas, y un pecho más afín al de una mujer que al de un hombre. También uno de sus pies era cavo lo que le produciría fuertes dolores físicos. Además, tendría dientes de conejo.